Saturday, August 19, 2006

El Sol Tenebroso


I
La TV de los fines de semana es aburrida en todas partes. Y me refiero a cualquier parte de verdad… Llega la noche del sábado y empieza una infinita massacre & love store que va empezando con la caída del sol. Viejas que cuentan su trasnochada emancipación sexual, telediarios dedicados al calor o el frío y toneladas de películas viejas y de serie B. A esa hora me pongo a pensar en San Mario Rodríguez Alemán, que me enseñó a ser refractario a tanta tontería visual. No Mario, perdona, otro día hablaré de los fabulosos y bellos “clavos” que tú solamente defendías y que ahora lentamente he podido recuperar.

Tú mereces tu propia muela bizca, lo prometo.


Mario Rodríguez Alemán

II
De niño casi no conocía el miedo. Mis primos y yo nos retábamos constantemente en ilusorias bravuconerías que iban desde patinar por la calle Monte hasta lanzarnos por una de las dos pendientes de la escalinata del Capitolio en una yagua. No quiero recordar el día que vi a un niño caer a la escalera… Eusebio Leal, gracias a ti también por haber acabado con aquello.

Pero aun a pesar de aquella tarde tan triste, seguía siendo un niño sin miedos.


Capitolio de la Habana


III
Un jueves en las vacaciones de 1982, luego de mucho insistir Yrais y yo (ya eramos “los grandes”); nos dejaron terminar de ver “Nuestros Hijos”; esa barrera del horario sólo para adultos.

Con una alegría tremenda oímos a Rick Wakeman poner su excelente “King Arthur” de fondo a ese gran programa que era Historia del Cine (¿o es?, no sé si lo ponen aún). Mi tía nos deseó las buenas noches, y se fue dejando tras de si una sala oscura con un TV caribe a todo volumen. En Historia del Cine no siempre había Happy End, pero ahi estabmos adultos y unos hombrecitos ya. Supuestamente claro.


Trailer de "El Monstruo de la Laguna Negra"

Luego de una hora de película, mirábamos decepcionados los movimientos torpes y ridículos de “El Monstruo de la Laguna Negra” Aquello era ridículo. Cuando se acabo, nos quedamos hasta la mañana jugando al “Batalla Naval”, aquel jueguito que venía "comboyado" con los juguetes buenos como las pistolas de agua. Pero a las 2 AM hay que dejar descansar las pistolas de agua en el refrigerador para poder dar guerra el viernes. Era una edad de batallas, ahora que lo pienso.

Mi primo era “El Yuma” y yo “Los Bolos”

En nuestro cuadriculado cartón se hundieron varias flotas. Aquellas aguas vieron una imaginaría Tercera Guerra Mundial donde cada vez que un crucero se hundía gritábamos “se lo comió el Monstruo de la Laguna Negra”, y todo era risas.


Batalla Naval

Nos fuimos a dormir con la ilusión de hundir tres o cuatro flotas al día siguiente. En mis noches, el Monstruo de la Laguna Negra nunca apareció.


IV
En las vacaciones de 1983 me fui a vivir al Bahía, lejos de mis primos y ya sin pistolas de agua. Una tarde de verano, Mario Rodríguez Alemán estrenó dos películas que marcaron mi adolescencia: Marea Roja (¿? la de los 50s, no esa bobería de Gene Hackman) y El sol Tenebroso (The Day After, 1983)

La Tanda del Domingo se veía en las tardes. Se suponía una zona sana y sin peligros. Se suponía. La tarde era calurosa y me quedé solo en la nueva e iluminada casa. Mis padres dormían.

Aquella “Marea Roja” no la recuerda nadie. Pones las palabras en Google y sólo aparece la de Hackman. Debe tener otro nombre, pero no lo se. Pero no, esta era mucho más dura. Me voy a permitir contarlo:

El mundo se había acabado, los dos grandes bloques habían dado salida a sus misiles. Pero no hubo ni una escena de tiros o siquiera una llamarada. Toda la película era diálogos. Sólo quedaba Australia. En los televisores de aquella Australia solitaria en el océano, la gente esperaba espantada la llegada de las aniquiladoras e inevitables lluvias radioactivas que traería la primavera austral. La gente tenía sólo 50 días por delante y lo sabían. Las fabricas de fármacos producian unas pastillas conque lograr una muerta lenta e indolorosa. La radio, fondo constante en la película, anunciaba un macabro calendario de distribución: Adelaida, next week; Melbourne tomorrow.

Empecé a sentir el frío del miedo. Eran esos mismos hongos de la muerte los que acechaban y de los que tanto hablaban. La muerte era algo posible.

Un día reciben unos radioaficionados una señal desde California. Las palabras que llegaban eran incomprensibles: agua, papel… La cinta de código Morse con aquellas palabras revolucionó la vida de loa australianos. Un submarino fue lanzado a buscar el origen de aquel sonido.

En mi mente infantil algo se alumbró: era posible sobrevivir aquel hongo.

El submarino hizo un viaje tenso y dramático, los tripulantes discutían si valía la pena estar allí o pasar en el bar con los amigos aquellos últimos días de la humanidad.

California era luminosa. Todo estaba intacto y vacío. Al caminar por la ciudad, encontró el personaje principal la fuente de aquella señal de esperanza.


V
Era el tirador de una ventana enganchado a un equipo de radiotelegrafía. El batir del viento sobre la argolla, generaba aleatorios impulsos en el transmisor Morse.

El personaje se cae de rodillas y yo recuerdo haberme echado a llorar con un desconsuelo y miedo colosal. Me desmoroné. Me fuí al baño. ¡Yo era un hombre cojones!

Pero no, la Guerra Fría llegó a mi vida para quedarse por años como un monstruo de la laguna negra que me raptara a su cubil.

VI

Mi padre se despertó. Con un miedo tremendo le conté lo que me pasaba. Me habló despacio de como eso era una película, de que el mundo era bien distinto…


The Day After: Secuencia 1

Para ese entonces, la trama de “El Sol Tenebroso” empezaba simple y apacible. Me reanimé. Nos sentamos juntos a verla. Y entonces fue el horror total.


The Day After. El fin



VII

Luego todo eso desapareció. Gorbachov cambiaba el curso de la carrera armamentista y yo me entregaba a las hojitas, los libros de poesía y los brazos de las muchachas. El calor del sol tenebroso, el hongo maldito se quedaba atrás. La adolescencia es una marea que limpia los tenues rasgos que los terrores de la niñez dejan en nuestra vida. Se van los monstruos de las lagunas negras y los hongos, las muchachas y las flores suelen ganar.

Estas flotas de imágenes terribles se hunden lentamente. Si, hay veces que ganamos esa batalla naval. Así que perdóname Mario, este Happy End tú lo odiarías…

6 comments:

Mavelyn said...

La película es: La hora final

Ah¡y yo también la he visto y aunque nunca he dejado ningún comentario en "La Muela Bizca" siempre te he leído, no sé si te diste cuenta que escribí algo en youtube sobre la canción Oxígeno de Jean Michel Jarré refiriéndome a la nostalgia por Tanda del Domingo. Pues nada más, ahí va eso(a mi no hay búsqueda que se me resista con el Gran Google)

Durante los años 50, y mientras duró la Guerra Fría entre la URSS y los Estados Unidos, las posibilidades de que un norteamericano medio se encontrase un buen día con que un misil balístico intercontinental soviético había borrado del mapa la capital de su estado o la del país eran muy, muy grandes, muchísimo más de lo que pensamos hoy en día. La 3ª Guerra Mundial estuvo a punto de estallar en varias ocasiones entre 1950 y 1962. El ataque nuclear se convirtió en una obsesión social, y nadie mejor que Stanley Kramer para hacer reflexionar a toda una nación sobre un asunto tan candente. Por eso rodó La hora final en 1959. Con el tiempo, la película tal vez no se ha convertido en una de las más significativas de Kramer, porque dirigió otras muy buenas, pero para mucha gente es un auténtico clásico.

El capitán Towers (Gregory Peck) instruye a un miembro de su tripulación, antes de que éste salga a explorar la costa de San Diego en 'La hora final' (1959).Kramer era un director al que le gustaban los grandes temas, los debates sociales, los argumentos de calado. Como os hemos dicho, nada había más importante en 1959 que la posibilidad de que un enfrentamiento nuclear entre los dos bloques borrase a toda la humanidad del mapa. La cuestión que se estaba empezando a plantear era que ningún bando podía salir vencedor en una contienda así. Este estado de opinión se había ido formando poco a poco en las sociedades occidentales desde que la Guerra de Corea finalizó en 1953. Hacía falta expresarlo en los foros adecuados, y el cine era uno muy poderoso. Había habido ya alguna película que había tratado el asunto de la guerra nuclear, pero se necesitaba una que impactase de verdad.

Nevil Shute Norway, el escritor inglés, había escrito en 1957 On The Beach, una novela sobre las consecuencias de un holocausto nuclear, que se convirtió en un gran éxito. Stanley Kramer, que ya había creado polémica en 1958 al tratar el racismo en Defiant Ones, decidió que el libro era la base perfecta para exponer el escabroso asunto de la guerra atómica y encargó a John Paxton que escribiera el guión. El argumento es claro y la historia se plantea sin contemplaciones: en 1964, una guerra termonuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética ha acabado con todo rastro de vida en el hemisferio norte del planeta. La contienda ha sido han rápida y tan inesperada que cuando el submarino nuclear norteamericano USS Sawfish emerge a la superficie, todo ha acabado y la radiación se extiende por casi todo el planeta. Sólo Australia está temporalmente libre de sufrirla y allí se dirige el sumergible. El capitan Dwight Towers (Gregory Peck) se pone a la disposición del gobierno del país, pero no hay mucho que pueda hacerse: la nube de radiación alcanzará Australia en cinco meses como mucho. Sólo hay una esperanza: se está recibiendo una extraña y confusa señal en código Morse, emitida desde los alrededores de San Diego, en los Estados Unidos. Esto podría avalar las teorías de algunos científicos, que aseguran que la lluvia y la nieve del invierno han podido hacer descender el nivel de radiación en el hemisferio norte. El Sawfish partirá en un viaje de exploración para comprobar lo que sucede. Mientras, en Australia, la vida de cada día va cambiando poco a poco debido a las circunstancias, aunque la gente trata de olvidar y vivir con normalidad

La hora final es una película realista. Aquí no nos gusta contar los finales, pero la cosa no acaba bien: la señal de radio no es lo que todos creían y el nivel de radiación no ha descendido. El submarino regresa a Australia, donde ya se dan los primeros casos de enfermedad. Tan sólo queda tratar de vivir los últimos días con dignidad: Dwight Towers, sereno e imperturbable, continúa su romance con Moira Davidson (una magnífica Ava Gardner, en uno de sus últimos grandes papeles), Peter Holmes (Anthony Perkins) vuelve con su joven esposa y su hijo recién nacido y Juan Osborn (Fred Astaire, en su primer papel dramático) olvida su pasado como científico nuclear y pone a punto su Ferrari para correr el último Gran Prix australiano. Ya no queda tiempo y cada minuto cuenta.

¿Que es lo mejor de La hora final para nosotros? La historia y la reflexión que conlleva, por supuesto. La sólida interpretación de Gregory Peck y Ava Gardner. El placer de redescubrir a Anthony Perkins, un actor al que se encasilló muy injustamente después de Psicosis. El intenso blanco y negro y la fotografía. Y las escenas, sencillas pero impactantes, que muestran la desolación de San Francisco, San Diego y Sydney. También nos ha gustado la reedición en sí: es cierto que el DVD es de lo más espartano (nada de extras, ni siquiera el 'trailer') pero la película se ve con una nitidez que admira, y eso es lo que importa de verdad.

Director: Stanley Kramer.
Estudios: Metro Goldwyn Mayer / United Artists.
Protagonistas: Gregory Peck, Ava Gardner, Anthony Perkins, Fred Astaire, Donna Anderson, John Tate y Lola Brroks.
Formato: Blanco y negro.
Duración: 2 horas y 9 minutos.
Disponible en DVD: Sí, doblada al castellano y con varias opciones de idiomas y subtítulos. La versión española de este DVD no incluye encarte informativo.
Premios: Premio de la Academia Británica del Cine (1959, para Stanley Kramer).

Mavelyn said...

http://mondofriki.com/?p=135

Mavelyn said...

El remake de esta película lo vi aquí en España, el 30 de Noviembre de 2003, la pusieron en Tele 5, dentro del programa Cine Fiesta de las 14:30 pm.

En la playa(On the Beach) es una miniserie de Hallmark que describe los últimos dias de una humanidad devastada por la guerra nuclear, en un último y desesperado intento por encontrar un lugar sin radiación donde sea posible sobrevivir. La serie en cuestión es un remake de otra película de 1959 con el mismo título, protagonizada por Gregory Peck y Ava Gardner. En este caso son Armand Assante y Rachel Ward los que despempeñan el papel protagonista en este drama post-apocalíptico.

Error 505, Internal Brain Error said...

Sobre Rick Wakeman, hace más de un año hizo un concierto en el teatro Karl Mark de la Habana que quedó súper bueno. Cuando estaba en la cola para comprar las entradas, había unos especimenes delante de mí y de pronto llega un conocido y les pregunta a los X, de quien era el concierto y uno de los mijos le responde literalmente, que era de Síntesis y además una tal Wakeman. Nótese que lo dijo exactamente como se escribe y por poco me parto de la risa.

Error 505, Internal Brain Error said...

Cada vez que veo estos videos me dio cuenta de la estupidez da la raza humana, en general.

Se dice que la primera guerra fue por el dominio del agua potable y si la cosa sigue como va, la última también va a ser por agua, y a lo mejor Marte pasa a ser el tercer planeta del sistema solar y habrá otro cinturón de asteroides

Anonymous said...

Cuantas viejas lecciones tras esos espejuelos grandes, inmensos y la mirada cansada aunque atenta. Recuerdo que en mi casa no se maldecía la Tanda del Domingo, ni las selecciones de Mario-mi madre pensaba que "había cultivarse que ahora no cuesta nada"- cuánta razón en aquellas palabras, y yo apurando lo que era mi deber(hija, hermana y femina) camisas van y vienen para sentarme en la frialdad del piso de mi casa a ver las películas y escuchar las ideas de Rodríguez Alemán. Por suerte no fue un oficio solitario porque al cabo encontré a muchos hijos de vecinos hablando sobre ello.
Eso es también parte de Cuba, de muchos de nosotros que todavía vamos por el mundo y entramos en cinematecas escuchando a Oxígeno de fondo musical.