Thursday, August 31, 2006

La Muela Bizca se suma al BlogDay2006






¿Qué es un troll?
(por Timothy Campbell)

Un «troll» de Internet es el (normalmente es un él) que siente placer al sembrar discordia en Internet. Intenta iniciar discusiones y ofender a la gente.

Los trolls ven los servicios de comunicaciones de Internet como lugares adecuados para su extravagante juego. Por alguna razón, no «captan» que hieren a gente real. Para ellos, los demás usuarios de Internet no son del todo humanos, sino una especie de abstracción digital. Como resultado, no sienten ningún tipo de pena por el dolor que infligen. De hecho, cuanto mayor sea el sufrimiento que causan, mayor es su logro (tal y como lo ven ellos). De momento, el relativo anonimato de la red permite que florezcan los trolls.

Los trolls son completamente insensibles a las críticas (constructivas o no). No puedes negociar con ellos; no puedes hacerles sentir vergüenza o compasión; no puedes razonar con ellos. No se les puede hacer sentir remordimientos. Por alguna razón, los trolls no sienten que estén obligados a seguir las normas de cortesía o responsabilidad social.

Quizás esto suene inconcebible. A lo mejor piensa «Sin duda habrá algo que pueda escribir que les haga cambiar». Pero un auténtico troll no puede ser cambiado mediante meras palabras.

¿Por qué importa?
A algunas personas —especialmente las que han estado conectadas durante años— no les afectan los trolls, los consideran un inevitable riesgo de usar la red. Como señala el dicho, «no puedes tener un picnic sin hormigas».

Estaría bien si todo el mundo se lo tomara con tanta calma, pero la triste realidad es que los trolls desaniman a la gente. Los contribuidores arraigados pueden dejar un foro por las discusiones que encienden los trolls, y los lurkers (gente que lee pero no escribe) pueden decidir que no quieren exponerse a estos abusos y por tanto no participar nunca.

Otro problema es que las emociones negativas despertadas por los trolls se filtran a otras discusiones. Gente normalmente afable se puede volver agria después de leer un amargo intercambio entre un troll y sus víctimas, y esto puede envenenar las interacciones hasta entonces amigables entre viejos usuarios.

Por último, los trolls crean un entorno paranoico, de modo que una crítica tranquila de un recién llegado puede provocar una réplica feroz e inapropiada.
La Internet es un recurso maravilloso que está derribando barreras y eliminando prejuicios. Los trolls amenazan que continúe nuestro disfrute de este maravilloso foro de ideas.

¿Qué se puede hacer con los trolls?

Cuando sospeche que alguien es un troll, puede intentar responder con un mensaje educado y suave para ver si simplemente es alguien que está de mal humor. Los usuarios de Internet dejan a veces que sus pasiones se liberen al sentirse seguros sentados delante del teclado. Si ignora su elevado tono de voz y les responde de una manera agradable, normalmente se calman.
Sin embargo, si la persona se empeña es ser bruta, y parece disfrutar siendo desagradable, la única postura efectiva se resume en lo siguiente:
La única manera de tratar con trolls es limitar su reacción a recordar a los demás que no respondan a los trolls.
Si intenta razonar con un troll, él gana. Si insulta a un troll, él gana. Si le chilla a un troll, él gana. Lo único que los trolls no pueden aguantar es que se les ignore.

Qué no hacer

Como ya se dicho, es inútil intentar «curar» a un troll de su obsesión. Pero quizás simplemente no pueda aguantar el ambiente hostil que crea el troll y quiera irse un tiempo.
Si lo hace, por el bien de los demás usuarios del sistema, no envíe un dramático mensaje de despedida. Esto convencería al troll de que está ganando la batalla. El mensaje más dañino que pueda escribir en un foro es quizás el anuncio de que lo deja por la hostilidad que el troll ha encendido.
Si siente que debe decir algo, un discreto mensaje al operador del sistema (y a algunos de los demás usuarios, si tiene sus direcciones de correo electrónico) es lo mejor que puede hacer. A propósito, si escribe la carta en un estado de agitación, es buena idea esperar una hora y después darle un último repaso antes de enviarla realmente. Eso le puede ahorrar el dolor de decir cosas que no piensa realmente a gente que le gusta.

Suplantación

Una técnica que usan los trolls para generar caos es hacerse pasar por una persona bien considerada. En algunos sistemas no hay nada que impida que alguien firme con su nombre un mensaje de mal gusto. En otros sistemas puede que el troll tenga ser un poco más astuto, quizás cambiando un carácter por otro. Éstos son varios ejemplos de varios trucos para engañar que se podrían usar contra una persona llamada Brenda Q. O'Really:
Brenda Q. O"Really
Brenda Q. 0'Really
Brenda Q O'Really
Brenda Q. O'Rea11y
Bredna Q. O'Really
8renda Q. O'Really
Nota: «Brenda Q. O'Really» es un nombre inventado para ilustrar el engaño y no pretende hacer referencia ninguna persona concreta.
Si usted reacciona con enfado, el troll gana. Así que si ve en algún foro un mensaje suplantándole, simplemente escriba una respuesta a él titulado «Ése no era yo» y escriba solamente esto:
Yo no escribí ese mensaje; es una falsificación.
Por supuesto, en ocasiones encontrará que la gente que le conoce bien ya haya identificado el mensaje como una falsificación y lo haya etiquetado como tal. Después de todo, uno de los objetivos del troll es darle mala imagen. Si usted tiene una buena reputación, la gente tendrá un indicio claro si un mensaje aparentemente escrito por usted está totalmente fuera de tono.
Se sabe que a los trolls les ha fastidiado tanto ver sus falsificaciones identificadas que han aprendido a escribir en el estilo de otra persona. Pueden acabar escribiendo un mensaje inteligente que sea indistinguible de sus propias palabras. Si sucede tal cosa, ¡siempre puede dejar el mensaje y atribuírselo a sí mismo!
Los trolls también escribirán alguna vez un «Ése no era yo» después de un mensaje genuino, intentando obtener un desmentido. Realmente no hay razón para darle lo que quiere, puesto que una advertencia «Ése no era yo» simplemente le recuerda a la gente que sea escéptica. Es decir, no tiene transcendencia real si alguien no está seguro de que usted haya escrito un mensaje normal, dado que a largo plazo son las ideas las que son importantes.

El reto del webmaster
Cuando los trolls son ignorados, redoblan sus ataques, buscando desesperadamente la atención que ansían. Sus mensajes se vuelven más y más groseros, y los envían más que nunca. Otra alternativa es que afirmen que se está recortando su libertad de expresión (más sobre esto más adelante).

El moderador de un foro puede no ser capaz de borrar inmediatamente los mensajes de un troll, pero su trabajo se hace mucho más duro si también tienen que leer numerosas respuestas a trolls. También se ven forzados a decidir si borrar o no los mensajes de gente bien intencionada que tengan el efecto no pretendido de animar al troll.

Algunos webmasters tienen que aguntar que usuarios concienzudos les digan que están «actuando como dictadores» y que nunca deberían borrar ni un solo mensaje. Esta gente puede estar mal informada: pueden haber llegado a su opinión sobre el troll basándose en los mensajes que ven, sin darse cuenta jamás de que el webmaster ya ha borrado su material más horrendo. Recuerde que un troll tiene de hecho una alternativa si tiene algo de valor que decir: hay servicios en la red que facilitan sistemas de mensajes gratuitamente. De modo que el troll puede crear su propio foro, en el que puede tomar sus propias decisiones sobre el tipo de contenido que va a tolerar.

¿Exactamente cuánto podemos esperar de un webmaster cuando se trata de preservar los principios de la libertad de expresión? Algunos trolls se toman como un deporte el averiguar cual es el límite de resistencia del operador de un foro concreto. Pueden enviar una docena de mensajes, y que cada uno de ellos contenga 400 líneas de la letra «J». Eso es una forma de expresión, sin duda, ¿pero consideraría usted que es su obligación alojar a una persona así?
Quizás el reto más difícil para un webmaster sea decidir si tomar medidas contra un troll al que algunas personas encuentran entretenido. Algunos trolls tienen una chispa creativa y han decidido desperdiciarla perturbando. Hay un cierto placer perverso en observar a algunos de ellos. En última instancia, sin embargo, el webmaster debe decidir si el troll se preocupa de montar un buen espectáculo para los participantes usuales, o si simplemente actúa para una audiencia de una persona: él mismo.

¿Qué pasa con la libertad de expresión?
Cuando los trolls ven que sus esfuerzos están siendo resistidos con éxito, a menudo se quejan de que se está infringiendo su derecho a la libertad de expresión. Examinemos esa alegación.
Si bien la mayoría de la gente en Internet son ardientes defensores de la libertad de expresión, ésta no es un derecho absoluto; hay limitaciones prácticas. Por ejemplo, no se puede gritar «¡Fuego!» en un teatro abarrotado de gente, y no se puede bromear sobre bombas mientras se espera para embarcar en un avión. Aceptamos estas limitaciones porque admitimos que sirver para un bien mayor.

Otro ejemplo útil es el control del espectro de radiofrecuencia. Quizás desee montar una potente emisora de radio para difundir sus ideas, pero no puede hacerlo sin solicitar una licencia. De nuevo, ésta es una limitación práctica: si todo el mundo emitiera sin restricción, las repercusiones serían molestas en el mejor de los casos, y con riesgo de vidas en el peor.

El ejemplo de la radio es útil por otra razón: con innumerables personas con una necesidad legítima de usar comunicaciones por radio, es importante asegurarse de que nadie esté monopolizando el canal. Solamente hay un número limitado de canales claros disponibles en cada banda de frecuencia, y se deben compartir.

Cuando un troll ataca un foro, generalmente envía un montón de mensajes. Incluso si sus mensajes no son particularmente incendiarios, pueden ser tan numerosos que ahogen las conversaciones normales (esto es conocido como flooding, inundación). No hace falta decir que no se puede permitir que las opiniones de una persona monopolicen el canal.

La respuesta definitiva al argumento de la libertad de expresión es éste: aunque podemos tener derecho a decir más o menos lo que queramos, no tenemos derecho a decirlo donde nos dé la gana. Quizás sienta intensas emociones sobre el hecho de que su vecino no haya cortado el cesped desde hace dos meses, pero eso lo da derecho a reprenderlo en su propio cuarto de estar. De modo similar, si un webmaster le dice a un troll que no es bienvenido, el troll no tiene «derecho» a quedarse. Esto es especialmente cierto en los numerosos servicios de comunicaciones gratuitos que se ofrecen en la red. (En los sistemas de pago, el troll puede estar en el derecho de solicitar un reembolso).
¿Por qué lo hacen?

Afirmación.
Los usuarios habituales de la red saben lo delicioso que es que alguien responda a algo que ha escrito uno. Es un encuentro de mentes, lo que es un estremecimiento intelectual, pero también es un reconocimiento del valor de uno, y eso puede ser una recompensa emocional muy satifactoria.
Los trolls ansían atención, y no les preocupa si ésta es positiva o negativa. Ven la Internet como un espejo en el que pueden mirarse en un éxtasis narcisista.
Si quiere un análisis más profundo, quizá un psicólogo puede emitir algo más de luz sobre el asunto.

Conclusión
La próxima vez que esté en un foro y vea un mensaje de alguien que usted crea que es un troll, y sienta que debe responder, simplemente escriba un mensaje de respuesta titulado «Alerta troll» y escriba solamente esto:
La única manera de tratar con los trolls es limitar su reacción a recordarle a los demás que no contesten a los trolls.
Al enviar un mensaje como éste, le hace saber al troll que usted sabe lo que es, y que no va a ser arrastrado a su pequeña y retorcida afición.
La Internet es una colección espléndidamente caótica de material tanto serio como estúpido. Al ser tan libre, está obligada a tener problemas. Pienso que podemos disfrutarla mejor si tratamos con todo lo que pasa en la red con una irónica sonrisa abierta y un encogimiento de hombros preparado.

Marcelo en La Madre Patría, Parte I
I
La historia de Marcelo carece de épicas, pero abunda en caminos repetidos por todos los que vinimos como polillas de la luz a este lugar de esquivos bálsamos llamado “La Madre Patria”
Tan sólo puedo decir, como quien rellena un formulario de aduana, que dejó atrás su árboles, sus libros y su hija.

Últimamente he hablado mucho con él de estas cosas que sucedieron hace ya unos años. Las hojas de dos otoños han sepultado sus huellas de antaño, pero también llenado sus ojos del polvillo agrio de la experiencia vital.

Opaco me mira a veces Marcelo cuando nos tomamos un café en la mañana.
Hoy mismo, por ejemplo, me decía que quizás debía dejar su página en blanco.

Pero mejor que lo cuente él, como ya nos hablaran R.S. y Casal de sus periplos en el Yuma y el Yelo

II
Las visas son extraños faros en nuestras vidas. Los pasaportes se vuelven un pequeño Caronte al que ponemos hasta nuestra última moneda.

Yo, que antes fui un poeta, luego un matemático y después convite de tanta cena miserable; vi agotarse mis sueños, mis ilusiones y mis pocas monedas. Una tras otra, un día y luego otro día.

Si, estaba viviendo aquella tarde donde descarté para siempre irme de Cuba. Estaba con mi maleta repleta de papeles bajo el sol de Agosto del 2000. Deje tragarse al mar Caribe unas multicolores hojas donde “ellos” habían acuñado mi destino: Visado Denegado.

Las hojas estaban aún revoloteando cuando paso por mi espalda un camión con una conga a todo volumen. La Habana tenía Carnavales y yo la certeza total de que me quedaba, contra mi deseo, a darle al botón de Off del Morro.

Era un Karma ineludible, pensé.

Abrí el maletín y entregue gustoso a la mugre de la calle todos aquellos certificados, cartas, avales y fotocopias de copias de la copia de la copia con que había intentado escapar del sol y los camellos; un sol que ahora veía indiferente la consumación de todo un año de esfuerzos de aquel hijo pródigo que le renegaba.

Al volver a Guanabacoa y ducharme, abrí un libro de Vallejo y la música de Tschaikovsky llenó las paredes de la casa.


III
Mi castigado hybris fue sustituido por largos años donde conocí felicidades sucesivas y gratificantes; confirmaciones de aquel adagio de “lo-que-sucede-conviene”.

Pero la foresta de mi felicidad era talada en secreto. De vez en cuando, en insospechados rincones… Una tarde que no olvidaré, la llamada de un amigo confirmaba otro silencio sordo por venir. Fue el último.

Deje de actualizar mi libreta de teléfonos. Leí todo Chejov y Kafka. Me dedique a viajar por Cuba y la Madre Patria quedó relegada a la última gaveta, entre fotos de los ausentes y las cartas y fotocopias que escaparon a mi ira.

Pasó el tiempo. En la lejanía de Jaruco, me deje llenar de sol, besos y lluvia. De esa húmeda mañana de Marzo del 2002 llegó mi hija, nueve meses después.

Volví a mirar de nuevo, con una luz renovada y omnipotente, la Vida. La alegría poblaba mis noches y volvía en mi moto esquivando moscas y ensoñando juegos con cajitas de colores y hojitas del patio. Los encerrados animales del zoológico de 26 me parecieron menos tristes al ver a mi niña saludarles con ese entusiasmo que hacia tanto yo había olvidado. Ellos me devolvían una mirada que conocía yo tan bien…

Mi hija crecía y cada día algo nuevo llegaba de su mundo de ballenitas amarillas y sonrientes peluches. Ya me reconocía y me daba pequeños besitos al llegar. Nos sentábamos a dibujar en el patio lleno de los ladridos de dos perros hambrientos –el mundo era el mismo, aunque me importaba menos cada vez.

Los caracolitos del patio ya no eran una terrible plaga devoradora de flores, sino gritos de alegría y regocijos. Las guayabas de mi árbol estaban ahí en mis madrugadas, con su dulzura. Las antiguas fotocopias de mi pasaporte ya caducado se llenaban de las flores y los ositos de mi niña.

En el trabajo, hijos de mezclar resignación y mi pasado de largas horas de lectura, se daban de vez en cuando pequeños triunfos y efímeras satisfacciones. Las monedas iban y venían. De vez en cuando, alguna que otra tarde de estar sólo en la oficina; me conectaba a Internet y volvía a poner aquellas palabras en los buscadores: AECI, becas, España… La telaraña electrónica me devolvía casi siempre los nombres de los ausentes y listados de requisitos incumplibles. Me acercaba a los 35 años…

Luego cerraba el navegador y me ponía a ver libros online sobre como curar la inapetencia crónica de mi niña.


IV
Un día cualquiera me llamó mi jefa para decirme que me iba a España. Luego de 3 minutos callados, mi primera respuesta fue NO. Luego de una larga charla de madre a padre, de mujer a hombre me senté y dejé que la selva de los papeles y los trámites que iba saliendo de las palabras de mi jefa me cegara. No había ni un poco de sol en aquella mañana fría cuando me montaba en la moto. Me quedé sin bujía en La Novia del Mediodía. El hybris descendió sobre mi cargado de una fuerza imparable.

V
En mi superstición personal y limitada hay un oráculo. Desde que vi “Algo más que soñar”, a veces abría al azar un libro de poesías. Las decisiones pequeñas eran siempre de Eliseo Diego, las capitulares de Vallejo.

El mensaje llegó en la madrugada. Mi hija dormía mientras yo me ponía bajo las ramas de mi solitario árbol de guayaba el sillón… Mi mujer escuchaba Buenas Noches Ciudad, como hiciera durante tantos años antes de conocernos…

VI
Un hombre dijo:
El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne, cuando fui herido en el pecho.
Otro hombre dijo:
El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.
Y otro hombre dijo:
El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.
Y otro dijo:
El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.
Y otro dijo:
El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.
Y el último hombre dijo:
El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.

VII
Los papeles… Del Consulado de La Madre Patria llegó otro “Visado Denegado” Odiosos papeles de colores…

VIII
En mi ventana llovía. Alguien hizo unas llamadas y la cosa mágicamente se compuso. Así, con sólo 6 horas por delante, me empecé a despedir de todo. Mi árbol estaba entretenido cantando con el viento, mi hija se daba un baño dando saltitos de alegría. Los espejuelos de mi mujer se empapaban a la vez con las gotas de agua de la niña y sus propios torrentes. Por suerte, el maletín de partir se hace en 30 minutos.

IX
Un aeropuerto es una pasarela. Pasé la aduana y el ritual de quitarse el cinto, los espejuelos, el reloj y dos monedas que pronto serían extranjeras ahogó en nerviosismo las cataratas de mi pecho.



En el avión Electric Light Orchestra anunciaba un Ticket to the Moon. A mi lado todo eran israelitas de un rebaño de esos que asolan y reviven a La Habana. Una mujer, tres asientos más adelante lloraba con la cabeza pegada al cristal. Empecé a mover el botón del hilo musical. Majestuosamente me llegó “El Baile de los Marinos Rusos” de Tschaikovsky.

La niña debe estar dormida –pensé cerrando los ojos y poniendo la cabeza contra el cristal. Diez kilómetros más abajo la Nada infinita.

X
La Gran Vía es grande, hermosa y otra vez grande. Vallejo se había ido a dormir y eran las no se que horas del día. El cielo había mutado a gris y ya había podido ver los raros dibujitos de la agrícola Madre Patria al descender en Barajas.

El taxi bajaba por la Castellana y entre el desfile interminable de las vallas publicitarias y raros árboles meridionales empecé a inventarme un Nuevo Mundo.

Nada más tener delante un ordenador me fui a la telaraña: inmigración, extranjero, cubano…

La pantalla se llenó de las palabras “papeles para todos” y “regularización” El frío de Madrid, al salir a la calle Gran Vía, me llenó el rostro de lágrimas. Mi hija se despertaba de su siesta y en mi pecho laten desde entonces dos relojes…

XI
En casa, lei esa noche Ante la Ley, de Kafka...

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le pide
que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no puede dejarlo
pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo permitirá.
- Es posible - contesta el guardián -, pero ahora no.
La puerta de la ley está
abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino
se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice:
- Si tantas ganas tienes - intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda
que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón
hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer
guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista.
El campesino no había imaginado tales dificultades; pero el imponente aspecto del guardián, con su pelliza, su nariz grande y aguileña, su larga bárba de tártaro, rala y negra, le convencen de que es mejor que espere. El guardián le da un banquito y le
permite sentarse a un lado de la puerta. Allí espera días y años. Intenta entrar
un sinfín de veces y suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián
mantiene con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre
muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes
señores, y al final siempre le dice que no todavía no puede dejarlo entrar. El
campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece todo,
aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los obsequios, pero
le dice:
- Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo.
Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al
guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que
lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años
abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre
murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián
ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas
que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita, y ya no
sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de
la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la
ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de
esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora
no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de
la muerte endurece su cuerpo. El guardián tiene que agacharse mucho para hablar
con él, porque la diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el
tiempo.
- ¿Qué quieres ahora - pregunta el guardián -. Eres insaciable.
- Todos se esfuerzan por llegar a la Ley - dice el hombre -; ¿cómo se explica,
pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar?
El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras, le dice al oído con voz atronadora:


- Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Wednesday, August 30, 2006

Polisemía...




Interesante colección de videos... Para los nostálgicos de siempre y el gorrión insomne de Casal, por supuesto

Y claro, todos tenemos una idea fija.



@ Copyright Note:
Estos videos han sido colocados en YouTube por:
marestered(el yoyi)hotmail.com

Monday, August 28, 2006

Lo Innominable

Como contarte, oh visitante, lo que fue en nuestras vidas
eso que llamamos La Lenin...

Si no viste y probastes
la sazón del viejo orilla,
no sabes,
lo que es la vida...

(de verdad, no puedo)

Catarsis... catarsis...



y Girondo, que sabía de esto...

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.

Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuies y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.

Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Sunday, August 27, 2006

Entre el espanto y la ternura: Alicia Made In Cuba
(en producción)

Irse al Cine XI Festival de Alamar, ser el 1991 y no haber almorzado para poder hacer la larga cola... He aqui las capitales premisas de mi encuentro con esta rara leyenda del cine cubano...




Mañana más...

Fresas en Gran Vía
Para Alida.

I
Hoy pienso en ti, amiga. Recuerdo como me contaste que tu afición al inglés empezó con aquel programa llamado “La Guagua”, que se vio sólo un verano; pero que nunca has dejado de recordar. Contabas entre risas como te dejó electrizada aquel mundo de oropeles de Flahdance, donde una muchacha podía dejar la soldadura y ser una gran bailarina. Y luego tus libretas llenas de canciones de Bon Jovi y tu pelo largo y anchas ropas.

Yo me reía y te contaba, aquella noche esperando la 195 hace ya diez años, de como empecé desde niño a querer aprender la lengua de “los malos”.

De como una noche de 1986, con un yeso en un pie y harto de leer a Dostoyevski durante toda una madrugada; dando vueltas y vueltas al sintonizador de mi VEF 206, encontré Radio Martí y su reposición de Onda Joven…



Ahí estaba de nuevo aquel Salvador de Para Bailar poniendo toda aquella música. Todavía me suena aquella mezcla de interferencias y acordes de guitarras que muchos años después me hizo recuperar aquel video de Fleetwood Mac que habían puesto en “La Guagua”



En el avión hacia España, al poner los auriculares y oirles nuevamente, estabas un poco conmigo y todo fue más fácil...

II

La historia de como llegue la cuento otro día, pero recuerdo cuando fuí a ver Madrid mi primera noche. En la calle Gran Vía, estaba el Edén sonoro que tú hubieras soñado.

Madrid Rock, lleno de posters y CDs; me atrapó durante unas horas en que también estabas conmigo. Fuimos pues a mirar aquellos iconos del pasado, colgando como ventanas por donde mirar nuestros ridículos pelos de aquella época, pero también las risas y los desenfrenos.

¡Qué vergüenza -pensé- cómo nos gustaban las fresas de Duran Duran!



III
Me contaste en aquella 195 como tu padre de pequeña te llevaba en sus viajes de confronta de la 51 cuando era chofer. Recuerdo como me hacías con nostalgia los cuentos de aquellos tipos de Regla con sus guitarras que se montaban y tocaban toda la madrugada, de Casablanca a Guanabacoa. De cómo así conociste la trova tradicional y empezaste a sentir esa pugna eterna entre tus diversionismos ideológicos, los peludos del rock anglosajón; y las voces rajadas y la resignación apagada de aquellos trovadores.

Íbamos aquella noche para Guanabacoa a coger otra guagua (una 400 algo que ya no recuerdo) que nos llevaría a Guanabo. Estuvimos toda la noche haciendo cuentos en aquel Anfiteatro oscuro y caluroso, hasta que la guagua de confronta nos dejó en la última parada.



Caminábamos en la madrugada silenciosa de Brisas de Mar en un mar de mosquitos y chistes hasta llegar a la desierta playa sólo alumbrada por el lejano resplandor de las torres de extracción de petróleo de Santa Cruz del Norte, que enrojecían a saltos el horizonte por donde todos queríamos ver aparecer aquel amanecer.

Revisando esos pequeños pedazos del pasado que me acompañan, encontré esta foto que tiraste tú…



IV
Sentarse en los parques de G y Guanabacoa contigo es tal vez de las cosas que más extraño...



Ah, y Madrid Rock, que también lo han cerrado.

Julian del Casal y "El Yelo" Parte I

“No quisiera un fracaso
en el sabio delito que es recordar”
Silvio Rodriguez


Hay un luger mítico donde nadie escupe, la comida es fácil y todo lo que la musa del Desarrollo puede prometer esta al alcance. Ese lugar, por supuesto, no existe.

Mi amigo Julian del Casal, sin embargo, partió hacia alla...

Antes Julián no se iba de Cuba. Se quedaba, por amor a SU patria.

No por “el amor ridículo a la tierra”, ni al café bien hecho, ni a los frijoles negros, ni a la yuca con mojo, ni al mar, ni a los atardeceres, ni a las calles empedradas, ni al sol, ni a la cultura, ni al proyecto social, ni siquiera a las costumbres. Se quedaba en Cuba por amor a su patria, y SU patria eran SU familia y SUS amigos.

Que Julian nos cuente:

Si, es cierto que me daba cuenta de lo convulso del país y de cuántas limitaciones me imponía en mi vida. Es cierto que sabía que en muchas otras tierras podría pensar lo que quisiera, decir lo que quisiera y besar a quien quisiera, donde quisiera; sin miedo a tener que participar como acusado en inquisitivos tribunales moralistas o políticos o a pasar la noche en una oscura estación de policía.


Pero, ¿de que me serviría si no tendría a los seres que amaba junto a mí?

Siendo el clásico murciélago – pájaro sin la gracia de las aves, ratón con vuelos de pájaro – mis pocos pero muy valiosos amigos eran mi tesoro. Ellos, junto con mis padres, mi tía y mi primita conformaban mi universo, el lugar al que pertenecía, de donde vine, donde crecí, donde único existía tal como soy y donde quería vivir. Mis amigos y mi familia eran un refugio poderoso y total, una selva de papel sembrada en el ático, dentro de la cual la kafkiana realidad de la Cuba de fines de siglo desaparecía y el mundo se volvía un paraíso.

La parte pragmática de mi alma no cesaba de señalar, de alertar, de rogar, de espantarse. Los brazos se le cansaban de levantar tantas banderas rojas de peligro. Pero el alma poética, hamacándose en las lianas de papel crêpe, bajo las fantásticas frondas, se sonreía con la paz de los santos. Nada importaba, nada hacía falta. Lo único esencial era pasar la noche soñando y contando estrellas con los amigos; o leerle a mi primita un cuento de hadas antes de dormir; o besarle la frente a mi madre antes de salir en la noche. Con el té de una buena velada se podía olvidar el agudo dolor de las carencias y con una buena risa compartida se podían borrar las memorias de los agravios. Y si no bastaba, ahí estaban los libros, para perderse por los laberínticos mandalas.

Pero la situación del país siguió arreciando y los amigos envejeciendo. Poco a poco la realidad fue calando en nuestro mundo utópico y uno a uno los amigos fueron decidiendo emigrar. Aunque la parte poética de sus almas era tan soñadora como la mía, su parte pragmática iba venciendo. La partida se volvió cada vez más el tema de nuestras veladas. Quién no se había apuntado en el sorteo del Norte, había presentado el expediente en una embajada, o estaba estudiando belga para cierta entrevista, o tratando de encontrar una beca de post-master en Viena o un congreso estudiantil en Argentina. La diáspora se volvió el proyecto de vida de mi generación y con ello las noches de bohemia se cambiaron por amargas veladas de despedida. Al alma poética le comenzó a pesar el brazo “de tanto decir adiós”.

Como una Pangea, mi patria se fue separando en pequeñas islitas flotantes, alejándose una de otra a la deriva por los mares. Las viejas amistades tuvieron que mantenerse a base de intermitentes y suplicados emails llenos de códigos cifrados; de fotos donde el flash y la risa polaroid nos volvía casi irreconocibles; de notas escritas a prisa en cajas de CDs y etiquetas de pomos de multi-vitaminas. “De la ausencia y de ti” cobró un nuevo sentido amargo y doloroso. Las “madrugadas sin ir a dormir” se volvieron, para los afortunados, desgastadoras noches de citas en Infomed, donde el “reir y reir y reir” tuvo que ser trocado por un conciso emoticón LOL.

Para los desafortunados, las madrugadas y sus risas se volvieron largos silencios e incertidumbre.

Al mismo tiempo mi familia envejecía. Mi madre y mi padre comenzaron a necesitar de mi ayuda, mi casa a desmoronarse más cada vez y mis 30 años, a partir de los cuales el valor residual de mi carrera debía comenzar desminuir velozmente, se acercaban a galope. Mi plan de vida bohemio de quedarme para apagar el morro con mi tribu de amigos del alma comenzó a parecerme empecinado e infantil. Verme desperdiciar las energías de la juventud en lamentar la lejanía de mis amistades comenzó a parecerme superficial e inmaduro. Me comenzaron a dar vergüenza las carencias, sintiéndome que mi inercia las engendraba. Empecé a sentir el arado del niño yuntero como una presión agónica en el pecho, y su vida y el barbecho se me atravesaron de tal manera en la garganta que ya no podía tragar.

Fue entonces cuando el alma poética, sintiéndose vencida, cedió a los planes del alma pragmática y fue entonces que juntas,. “hartas ya de estar hartas”, recompusieron mi plan de vida y siguieron el camino del Pequeño Vagabundo.

II
Desde lo alto y en la noche, el oscuro mapa de Norteamérica se vuelve un jeroglífico místico. Las ciudades desde la altura se vuelven espirales luminosas. Despojadas de todo sentido por la miopía de la distancia y la oscuridad, se vuelven dibujos metafóricos, crop circles de luz dorada, Nazcas de la post-modernidad.

Con la cabeza apoyada a la fría pared del avión dejé mis ojos resbalar por el paisaje anónimo, recorrer los caracoles iluminados que pasaban lentamente bajo las alas del avión, perderse en el negro vacío que las separa, oscuro, absoluto, anónimo.

Un gran sentimiento de soledad me sobrecogió. Mi cuerpo adormecido por el antihistamínico cedió a la quietud de las gaviotas adolescentes mientras mi espíritu escondido bajo el edredón del cuerpo dejaba que el aire de las distancias negras le congelase el rostro.

En las minúsculas TV del avión La Toya disfrazada de taxista gesticulaba grotescamente en silencio, mientras que en mi memoria Satie tocaba lentamente sus tres Gymnopedies.

III

Un largo pasillo gris con un altísimo puntal sostenido por los míticos puntales de acero, encuadrando las obligatorias paredes de vidrio. Expocuba con esteroides. Al centro del pasillo una estera metálica que se mueve automáticamente, arrastrando a los viajeros y sus maletas en silencio.

El alma pragmática trata de interesarme en los avances tecnológicos, en los primeros vestigios del primer mundo, mientras que el alma poética murmura que es un signo de misericordia equipar a los pasillos por los que llegan los inmigrantes con tales esteras, ya que los que llegan felices y la ansiedad no les deja perder ni un segundo antes de pisar las nuevas tierras, pueden avanzar veloces, sumando la prisa de sus pies a la del pasillo que se desliza, mientras que los que llegan cabizbajos sin deseos de andar, pueden quedarse anclados de tristeza, y dejar que el piso les arrastre inevitablemente.

De alguna manera la voz dieciochesca de mi alma poética despierta extraños ecos en el acero y el cristal. Asustada, o quizá de vergüenza, se recoge dentro del alma pragmática y se trata de mimetizar.

Suponiendo que debo ser del primer grupo de inmigrantes, el de los felices, pero temiendo ser del segundo, el de los cansados, doy algunos pasos indecisos por el pasillo tratando de acelerar mi llegada, pero al rato me detengo nuevamente. Experimento por primera vez el severo contraste entre lo que pienso que debo sentir y lo que siento, y por primera vez comprendo que una vez que se ponen los pies en el pasillo automático, no hay marcha atrás.

IV

A la salida de inmigración me esperaban dos amigos con una cámara fotográfica. Bajo la mirada amenazante del alma pragmática, el alma poética desplegó su mejor sonrisa de vencedor.

Flash!

V
Cerré la puerta del cuarto, me desvestí t me acosté en la anchísima cama debajo del edredón y apagué la luz.

Se hizo el silencio.

El silencio de los suburbios era absoluto. Era tan total que me presionaba los oídos, en especial los míos, acostumbrados a los sonidos de las calles habaneras. Ni una voz, ni un perro ladrando a lo lejos, ni una brisa que mueve las hojas, ni un camello abriendo sus puertas con él cármico suspiro, ni una risa desfachatada de mujer. Solo silencio puro y seco, como si un dedo invisible hundiese un algodón negro en los oídos.

Un hombre de piel cetrina mirando al techo vacío, en total silencio y soledad. No había hogar, ni leños crujientes, ni amante adormecido, ni bosque cubierto por la nevada, con árboles avellana de hojas aceituna. No había tampoco piano viejo, ni Satie, ni sillas desvencijadas, ni suave tiniebla vespertina. Tampoco nadie me soñaba: no había visión. No había nada. Solo vacío, ausencia y oscuridad.

Esta vez nadie se sonrió levemente.

En el principio era el silencio. No había verbo.

“Sleep, pretty darling, and do not cry”. El sueño vino vacío y brutal, como ausencia de estar despierto. Por mi cabeza los remolinos terribles de mis últimos dias en Cuba.

El Yelo asediaba un recuerdo que pugnaba por llegar.

VI
Los recuerdos...
Una de las últimas tardes en Cuba estaba sólo en casa. Sentado al piano de mi primita dejaba que mis manos resbalaran perezosas sobre las teclas, siguiendo la pauta de alguna Gnossienne de Satie. La lentitud de la pieza la hacían asequible a mis casi nulas capacidades de pianista, y al mismo tiempo dejaban a mi pensamiento divagar. “Where it will go…“

En la tranquilidad de la penumbra vespertina mi mente comenzó a fabricar extrañas imágenes. Vi un bosque fabuloso y oscuro, de hojas color oliva casi negras, troncos color avellana y suelo cubierto de nieve. Vi una pequeña cabaña de descanso, íntima y solitaria, con una gris chimenea por la que salía un tranquilo hilo de humo. Dentro de la cabaña vi un lecho y dos amantes abrazándose desnudos, parcialmente ocultos por sábanas blancas.

Uno de los amantes, de piel cetrina, dormía tranquilamente con la paz del amor hecho, su rostro sabiamente oculto por mi visión. El otro, muy pálido, contemplaba adormecido el techo de la cabaña y escuchaba a los leños del hogar crujir en silencio.

Me sonreí levemente. Mi mente me proponía esta visión como un posible futuro donde el amante pálido era yo, descansando bucólicamente en el lecho de amor. Volví a sonreírme levemente, no sin dejar de sorprenderme de cuan kitch podían ser las ensoñaciones. ¡Era tan ridículo! ¡Yo ni siquiera sabía como lucía un bosque con nieve ni como crujía un leño en un hogar!

Pero mi mente, empecinada continuó con su visión, y me acercó al rostro del hombre pálido que debía ser mi ego futuro. Su imagen era completamente distinta a la mía. Un rostro ajeno en el que no lograba reconocerme. Un hombre triste y solitario, de rasgos foráneos, de ojos perdidos en alguna visión.

“Quizá sueña con una visión del pasado”, susurró mi mente, siempre fascinada con la idea del espejo en el espejo, “quizá su mente le presenta una pequeña sala oscura donde un joven toca lenta y terriblemente en un viejo piano; un joven con un rostro triste, solitario, foráneo; imagen que su mente le presenta como su posible pasado”.

El hombre de mi visión se sonrió levemente y muy bajo comenzó a murmurar aquella canción temible:

Once there was a way to get back homeward
Once there was a way to get back home





Me llené de terror. El terror de la distancia; el terror de cambiar tanto que no me reconociera a mi mismo; de dejar de ser yo; de convertirme en un ser ajeno, en una cama ajena, en un paisaje ajeno que ni siquiera era capaz de imaginar. El terror de perder mi lugar en el tiempo y en la historia, el terror de perder el hogar.

Me levanté del piano, me senté frente a la PC en una de las sillas desfondadas de mi sala y tecleé febrilmente la ridícula visión en un archivo del bloc de notas. Cuando estuvo lista la salvé, nombre el archivo Golden Slumbers y tres segundos después lo borré compulsivamente con Shift-Del. La idea me aterró tanto que no quise que existiera siquiera en la papelera de reciclaje.

Me quedé sentado en silencio en la sala obscura por un buen rato, sabiendo que este era uno de los últimos momentos que me quedaban para ser yo mismo.

Wednesday, August 23, 2006

Preludios del Yelo:

Aquí ha venido alguien a dar unos arañazos en mi puerta, pidiendo su pedacito de nostalgia y unos acordes con chipiachi...



El pequeño Vagabundo
(agradecimientos a Mavelyn)

Saturday, August 19, 2006

El Sol Tenebroso


I
La TV de los fines de semana es aburrida en todas partes. Y me refiero a cualquier parte de verdad… Llega la noche del sábado y empieza una infinita massacre & love store que va empezando con la caída del sol. Viejas que cuentan su trasnochada emancipación sexual, telediarios dedicados al calor o el frío y toneladas de películas viejas y de serie B. A esa hora me pongo a pensar en San Mario Rodríguez Alemán, que me enseñó a ser refractario a tanta tontería visual. No Mario, perdona, otro día hablaré de los fabulosos y bellos “clavos” que tú solamente defendías y que ahora lentamente he podido recuperar.

Tú mereces tu propia muela bizca, lo prometo.


Mario Rodríguez Alemán

II
De niño casi no conocía el miedo. Mis primos y yo nos retábamos constantemente en ilusorias bravuconerías que iban desde patinar por la calle Monte hasta lanzarnos por una de las dos pendientes de la escalinata del Capitolio en una yagua. No quiero recordar el día que vi a un niño caer a la escalera… Eusebio Leal, gracias a ti también por haber acabado con aquello.

Pero aun a pesar de aquella tarde tan triste, seguía siendo un niño sin miedos.


Capitolio de la Habana


III
Un jueves en las vacaciones de 1982, luego de mucho insistir Yrais y yo (ya eramos “los grandes”); nos dejaron terminar de ver “Nuestros Hijos”; esa barrera del horario sólo para adultos.

Con una alegría tremenda oímos a Rick Wakeman poner su excelente “King Arthur” de fondo a ese gran programa que era Historia del Cine (¿o es?, no sé si lo ponen aún). Mi tía nos deseó las buenas noches, y se fue dejando tras de si una sala oscura con un TV caribe a todo volumen. En Historia del Cine no siempre había Happy End, pero ahi estabmos adultos y unos hombrecitos ya. Supuestamente claro.


Trailer de "El Monstruo de la Laguna Negra"

Luego de una hora de película, mirábamos decepcionados los movimientos torpes y ridículos de “El Monstruo de la Laguna Negra” Aquello era ridículo. Cuando se acabo, nos quedamos hasta la mañana jugando al “Batalla Naval”, aquel jueguito que venía "comboyado" con los juguetes buenos como las pistolas de agua. Pero a las 2 AM hay que dejar descansar las pistolas de agua en el refrigerador para poder dar guerra el viernes. Era una edad de batallas, ahora que lo pienso.

Mi primo era “El Yuma” y yo “Los Bolos”

En nuestro cuadriculado cartón se hundieron varias flotas. Aquellas aguas vieron una imaginaría Tercera Guerra Mundial donde cada vez que un crucero se hundía gritábamos “se lo comió el Monstruo de la Laguna Negra”, y todo era risas.


Batalla Naval

Nos fuimos a dormir con la ilusión de hundir tres o cuatro flotas al día siguiente. En mis noches, el Monstruo de la Laguna Negra nunca apareció.


IV
En las vacaciones de 1983 me fui a vivir al Bahía, lejos de mis primos y ya sin pistolas de agua. Una tarde de verano, Mario Rodríguez Alemán estrenó dos películas que marcaron mi adolescencia: Marea Roja (¿? la de los 50s, no esa bobería de Gene Hackman) y El sol Tenebroso (The Day After, 1983)

La Tanda del Domingo se veía en las tardes. Se suponía una zona sana y sin peligros. Se suponía. La tarde era calurosa y me quedé solo en la nueva e iluminada casa. Mis padres dormían.

Aquella “Marea Roja” no la recuerda nadie. Pones las palabras en Google y sólo aparece la de Hackman. Debe tener otro nombre, pero no lo se. Pero no, esta era mucho más dura. Me voy a permitir contarlo:

El mundo se había acabado, los dos grandes bloques habían dado salida a sus misiles. Pero no hubo ni una escena de tiros o siquiera una llamarada. Toda la película era diálogos. Sólo quedaba Australia. En los televisores de aquella Australia solitaria en el océano, la gente esperaba espantada la llegada de las aniquiladoras e inevitables lluvias radioactivas que traería la primavera austral. La gente tenía sólo 50 días por delante y lo sabían. Las fabricas de fármacos producian unas pastillas conque lograr una muerta lenta e indolorosa. La radio, fondo constante en la película, anunciaba un macabro calendario de distribución: Adelaida, next week; Melbourne tomorrow.

Empecé a sentir el frío del miedo. Eran esos mismos hongos de la muerte los que acechaban y de los que tanto hablaban. La muerte era algo posible.

Un día reciben unos radioaficionados una señal desde California. Las palabras que llegaban eran incomprensibles: agua, papel… La cinta de código Morse con aquellas palabras revolucionó la vida de loa australianos. Un submarino fue lanzado a buscar el origen de aquel sonido.

En mi mente infantil algo se alumbró: era posible sobrevivir aquel hongo.

El submarino hizo un viaje tenso y dramático, los tripulantes discutían si valía la pena estar allí o pasar en el bar con los amigos aquellos últimos días de la humanidad.

California era luminosa. Todo estaba intacto y vacío. Al caminar por la ciudad, encontró el personaje principal la fuente de aquella señal de esperanza.


V
Era el tirador de una ventana enganchado a un equipo de radiotelegrafía. El batir del viento sobre la argolla, generaba aleatorios impulsos en el transmisor Morse.

El personaje se cae de rodillas y yo recuerdo haberme echado a llorar con un desconsuelo y miedo colosal. Me desmoroné. Me fuí al baño. ¡Yo era un hombre cojones!

Pero no, la Guerra Fría llegó a mi vida para quedarse por años como un monstruo de la laguna negra que me raptara a su cubil.

VI

Mi padre se despertó. Con un miedo tremendo le conté lo que me pasaba. Me habló despacio de como eso era una película, de que el mundo era bien distinto…


The Day After: Secuencia 1

Para ese entonces, la trama de “El Sol Tenebroso” empezaba simple y apacible. Me reanimé. Nos sentamos juntos a verla. Y entonces fue el horror total.


The Day After. El fin



VII

Luego todo eso desapareció. Gorbachov cambiaba el curso de la carrera armamentista y yo me entregaba a las hojitas, los libros de poesía y los brazos de las muchachas. El calor del sol tenebroso, el hongo maldito se quedaba atrás. La adolescencia es una marea que limpia los tenues rasgos que los terrores de la niñez dejan en nuestra vida. Se van los monstruos de las lagunas negras y los hongos, las muchachas y las flores suelen ganar.

Estas flotas de imágenes terribles se hunden lentamente. Si, hay veces que ganamos esa batalla naval. Así que perdóname Mario, este Happy End tú lo odiarías…

El Chipiachi Strike Back



Dos legendarias chipiachadas:


Laura Branigan: Self Control




Hall & Oates. Method of Modern Love

y así sucesivamente...

Friday, August 18, 2006

Alejarnos del gran todo que fuimos un día...

I
Hace quince años que ví el esplendor último de "La Moderna Poesía". Tenía una voracidad inmensa de leer, tenia que comprar algo que leer. Solo tenía dos pesos. Pero en aquel tiempo alcanzaba para comprar lo mismo un tomo del Manual de Máquinas Rotatorias de Ivanov, que los comentarios sobre cine y TV de Soledad Cruz.



No, no es nostalgia esta vez; sólo fábula.

Entré y recorrí los estantes con la fé de hallar algo bueno; la misma del ciego que todo los días va al mismo banco a pedir el mismo milagro de ver, milagro imposible no sólo por lo obvio y materialista – cuestión de conos, bastoncillos y nervios– sino por lo metafísico: aún ciego, sabe ya encontrar su banco.

Llegué a un estante y vi alrededor de diez o doce plaquetts de Martín Sorescu, Alejandra Pizarnik, Adller y todas esas gentes que sabe dios si . Empecé a escoger con entusiasmo, pero sin considerar para nada mis dos amarillentas monedas. Los precios me acechaban. Mire una niña con la madre jugando con un billete de diez pesos y descubrí que solo podía llevarme dos.

Un peso cada uno. Empece a meter los plaquetts uno dentr.o de otro... Pagaría sólo dos.

Soliloquio: ¿Y si la cajera se da cuenta?.
Mi ángel malo: ¡Elimina la página con el nombre y la presentación!. ¡Y listo!.


II

Habia una vez que yo tenía la mente limpia de surrealismo, expresionismo y esas cosas – todo eso lo aprendí vía Los Libros. Las manchas inciertas de la humedad, unidas al olor agrio de la suciedad de un muro, me producían un éxtasis que de grande jamás han logrado tantas exposiciones en que he invertido mi tiempo. El oceanic feeling me visita poco.


Eran horas increíblemente adorables para mí. Miraba entretenido la lucha sorda de las cucarachas, las carcomas y los ciempiés por el dominio breve de los recovecos y grietas de aquella mole de ladrillos vetusta y polvorienta que tapiaba el acceso desde la calle de atrás de mi casa. A veces hasta el sol dejaba ver en la geografia de cuevitas un conjunto caótico de actos confusos, como ciertas horas mías de esta adultez calendarizada...




III

Pero si algo te agradeceré, Moderna Poesía, es haber conocido a Pinocho. Ahora entiendo la fábula: Pinocho primero fue árbol, luego madera y finalmente – Hada y Ballena mediante – niño ejemplar y a rayas...

Pero intuyo que sufrió de adulto una forma de añoranza sui generis: contemplaba, desde su antes nudoso y hoy incierto mundo emocional, a todos sus añorados y conocidos tormentos existenciales de tablita: quería nuevamente cobijar termitas y bichos, no poemas tormentosos e inciertos recuerdos de una calle...

Maldito ángel. Hoy no sé mientras remuevo estos papeles, si esto o aquello lo escribió Sorescu o Adller o Pizarnik, justo lo que pensé – y hasta me reía para mis adentro – que la empleada NUNCA notaría al revisar el bulto...

Wednesday, August 09, 2006

El Yuma, El Yelo y La Madre Patría, Parte I
(o será mejor El Malo, El Feo y La Malvada?)

Las historias son ustedes... Para todos estos amigos que me asombran y enriquecen con sus historias. Aquí vuestro pedacito para una muela, que ójala y fuera literatura...

Extracto de un mail de R. S.:

Me fuí al Yuma en Octubre del 2003. Había un frío leve a las 6:00. Llegué al aeropuerto con la angustia del preso que escapa; en espera de lo que pueda pasar, del inconveniente que pueda saltar como un tigre en la sombra . Llenándome los ojos con la ultima vision de mi tierra y una sensacion de perdida terrible. Subimos al avión. Mi sobrina, mi ex cuñado y yo con la sensacion de que algo podia pasar. Nos mirabamos. Recuerdo la sensación de alivio cuando el "yak" levantó el vuelo; la sensacion que se aumentaba a medida que nos alejabamoos de Cuba y veiamos desaparecer la isla en el horizonte con un sentimiento agridulce. El avión, reminicencia de la época sovietica rebosaba vetustez. Tenia el color amarillento de las cartas antiguas y el olor de un viejo escaparate, pero la tripulacion revoloteando por todo el avion se empeñaba en hacer ameno el viaje y olvidar las limitaciones materiales.

No obstante, a mitad del viaje un panel del techo cayo extrepitosamente en medio del pasillo, dejandonos ver la parte interior del fuselaje recorrido por una multitud de cables y alambres que de repente quedaron colgando ante el horror de los pasajeros extranjeros y la indiferencia de los cubanos. Entre el sobrecargo y una aeromoza volvieron aquel panel que parecia cartón tabla a su lugar, y con sus atenciones pronto nos hicieron olvidar el incidente...

De pronto las costas de Guatemala, la selva como un mar verde lo cubrió todo, sólo salpicada aqui y alla por algún que otro volcan, novedad para nosotros que los veiamos por primera vez con ojos asombrados.



Hicimos escala en Guatemala. A los cubanos no nos dejaron bajar del avión durante las cuatro sofocantes horas que duró. Transcurridas estas, continuamos vuelo siguiendo la costa este de centroamerica. El avión que habia salido de la Habana con poco mas de la mitad de los pasajeros se habia quedado medio vacio. Nos cambiamos de asiento, al que esta justo detrás de la puerta; que tiene mas espacio. Alli mirando aquel oceano verde, no pude evitar pensar que siempre seria un extranjero. No importa donde fuese, no importa que volviese pasados unos años. La Cuba que habia dejado ya no regresaria. Aún de regresar algun dia, seria un extranjero en mi propia tierra. Mis amigos están dispersos por el mundo. Esa es la tragedia de mi generación.

Desde lo alto, se divisaban las dos costas de centroamerica. Por primera vez mis ojos veian el oceano pacifico. Tomé conciencia de que mi mundo se habia ensanchado. En medio de un lago, un volcan humeante, el Arenal, el mas activo de Costa Rica. Al rato, entre nubes, San José.




Con un deprimente rostro de herrumbrosos techo de zinc, no pudé evitar pensar, "a que sitio nos han traido?". Entonces tomé lapiz y papel terminé el sonneto que habia empezado en la habana, especie de adios último.




"reina del tiempo, esclava del instante,
no olvides nunca a tu doliente amigo
que es sólo labios y voz para nombrarte."


Aterrizamos en el aeropuerto Juan Santamaria, en Alajuela. Ahora otra vez el stress. A mi excuñado, en emigracion de Cuba le habian quitado la carta del Consulado de Costa Rica autentificando la visa. Luego nos habiamos visto obligados a fabricar una para él en una computadora. Habia quedado casi mejor que la original. Pero siempre quedaba la duda de pasar el Control de Inmigración. Sin esa carta no se podia entrar a Costa Rica. Yo pasé primero, miran mi carta; que es original pero vence hoy. Hoy era mi ultimo dia para entrar. Las autoridades me dicen que me aparte y espere mientras miran con desconfianza mis documentos. Mi cuñado y la niña pasan. Respiro. No hay problemas, mi carta es buena, y yo estoy en regla. Le digo a los demas que me esperen. Luego de media hora, me reuno con ellos. Ya estamos en Costa Rica.

Afuera, mi hermana abraza a mi sobrina y a mi cuñado. Luego nos abrazamos todos. Un taxi a San José.

Vista desde abajo, es mucho mas acogedora. Recuerda una capital de provincia de Cuba, algo asi como Santa Clara, pero con mas anuncios. Es una ciudad rodeada de montañas donde las nubes entran a tu casa sin pedir permiso. De aire limpisimo y gente que siempre tiene prisa. Temperaturas entre 20 y25 grados.

Viví primero en Rosmohser, barrio de gente acomodada que vive a veces años sin conocer a los vecinos. Recuerdo que el primer dia me desperté como en Cuba, con el sol. Salgo a la calle y todo esta desierto, ni un alma. Me pregunto que habra pasado durante la noche. Sólo despues de 3 horas veo gente. Eel problema es que estamos mas cerca de la linea ecuatorial y amanece mas temprano...

Conseguí trabajo en la fabrica de tabaco de unos parientes de mi mujer donde trabajé varios meses. Después trabajé de guardia de seguridad en una tienda por departamentos. A los 4 meses llegan mi mujer y la niña: Cuba esta peor, me dicen.

Nos mudamos a Moravia, un barrio en las afueras de San José. En Moravia se vive del turismo, es un lugar pintoresco y tranquilo. Moravia es junto a Tibas, la casa chica del Saprisa , uno de los equipos de fútbol que rigen la vida del pais. Los "ticos" van al fútbol como a la guerra. Es algo fuera de la razon. Antes de ser ellos mismos ellos son partidarios de sus equipos. Cuando hay juego hay tanto riesgo en las calles como en Bagdad amedia noche. Hay policia montada con cascos y escudos y el color con que vas vestido puede ser determinante para tu tranquilidad.

Mi ex cuñado decidio quedarse, mi sobrina continuo viaje. Nosotros continuabamos alli, atrapados por la falta de dinero para continuar viaje.

Con mi hermana conseguimos un GPS. Bajamos de la red los mapas y armados de un puñal tipo "comando", cogimos un bus a la frontera con Nicaragua. Nos bajamos 300 m antes, cruzamos por el monte bajo un sol abrazador, moviéndonos por trillos ignorados por las autoridades y frecuentados por traficantes y asaltantes; a los que pudimos ver agazapados como lobos esperando una victima. Al final cruzamos, sin mas incidentes que una serpiente cascabel asustada que intento mordernos, lo que inevitablemente hubiera terminado en muerte...

Esa noche descansamos en Rivas, cerca del lago Nicaragua. cerca del lugar donde los centroamericanos derrotaron a Walker, un aventurero estadounidense que quizo construir un imperio personal y que al final sólo conquistó el espacio de su fosa. A la mañana siguiente, para evitar los retenes del ejercito, tomamos el bus para Granada. A la derecha, el lago, con su inmensa isla que cobija dos colosales volcanes. El bus nos dejó en el mercado de Granada, un hormiguero de comerciantes, clientes, indios, mestizos; una multitud arremolinándose en torno a tomates, maíz, carne, calor y muchas moscas. Todo con un denominador comun: la miseria. La miseria que no hace al hombre mejor, sino todo lo contrario. La miseria sólo engendra miserables...

Ha pasado tiempo, pero la guerra aun esta en el rostro de las personas. El centro de Granada recuerda un barrio de la Habana Vieja. Cerca tomamos el bus a Managua. Managua es una ciudad que aun no recupera su rostro despues del terremoto del 72. Es grande, pero no homogenea. De ahi salimos para Esteli. Al salir pasamos por Masaya, con su caldera humeante y su cráter renegrido y vasto. Tan proximo a la carretera que extremece.



Llegamos a Esteli, la cuna del sandinismo. No hay cuadra en que no ondee la bandera rojinegra .Polvorienta y sufrida, es la capital de la decepción. Sobrevive aún en el centro un mural con los Ortega a caballo, rodeados de guerrilleros. Pero ya casi nadie cree en ellos. Convertidos están ahora en los mas ricos de Nicaragua.

Sólo un tercio de la ciudad estaba pavimentada. Alli permanecimos un mes. Amigos oportunos nos tendieron la mano sin siquiera conocernos. Nos ayudaron cuanto pudieron. Mi agradecimiento no tiene limites, pero su generosidad la supera. Alli pasamos el fin de año y la Purísima, la mayor fiesta religiosa de Nicaragua. Su Santa Patrona estaba alli en las calles.

El 5 de Enero salimos para la frontera de Honduras con el tio de una amiga que nos iba a mostrar el camino. Nos bajamos en Teotecacinte, pueblo proximo a la frontera. Todavía resonaban los ecos de la masacre de la noche de navidad en San Pedro Sula, Honduras, por miembros de las maras. 18 personas murieron ametrallados. La violencia. Hombres, mujeres y niños, todo por un alarde de fuerza.



De vuelta a trillos de frontera. El tio Felix se percata de la presencia del Batallón Cobra, una unidad de elite del ejercito hondureno; emboscados en el camino. Este hombre se asusta y se va... Tenemos que esperar que se vayan, lo que hacen por suerte a la hora del almuerzo. Cruzamos. La niña esta felz por lo fácil que ha sido. El GPS ha hecho alarde de una presicion que da espanto.

Ya del otro lado, cerca de Trojes, tomamos un bus a Danli, ciudad a medio camino de Tegucigalpa. Honduras es todo montañas, desfiladeros... Una vegetacion exhuberante, en fin un pais de veras hermoso. En Danli comer y tomamos otro bus a Tegucigalpa, a la que llegamos de noche. Alli no pude evitar el recuerdo de la Habana: sobre un cerro un cristo colosal y blanco, la memoria del cristo de Casablanca me invade.

Buscamos un hotel cerca de la estacion de buses, se llama Italia, pero nada mas alejado de la luz que tiene ese nombre. Es un hotel de mala muerte, enclavado en un barrio que da espanto. Escondemos el dinero en el falso techo y el cuchillo debajo de la almohada. En la noche, dos tiroteos . Por la ventana se veia los pistoleros dispararse.

A la mañana siguiente, de vuelta al camino hacia Agua Caliente, la frontera con Guatemala. Llegamos sin novedad. Después de recorrer toda Honduras, cambiamos el dinero en la frontera y conocimos a "la rata", un muchacho que se dedica a cruzar gente. Nos consigue un carro y con 100 quetzales a cada policia, pasamos.

Llegamos a Esquipulas. Es una Básilica en medio de un caserio. Su famoso cristo negro es centro de la vida del pueblo, alli llegan peregrinos de toda centroamerica. Entramos a la iglesia a dar gracias. Luego nos fuimos a almorzar a un restaurante chino, donde eramos los unicos clientes.

Y de nuevo al camino.

Una guagua a Guatemala donde llegamos en plena noche. Alli pensaba ir a un hotel, pero al llegar al paradero la guagua estacionó al lado de otra que iba a la frontera de México. Nos pasamos de una a otra y de vuelta a la ruta. En Retalhueleu, la guagua se detiene. Es un control de ejercito. Buscan mareros, drogas e illegales... 3 guardias armados con armas largas suben al bus y empiezan a pedir documentos. Van uno por uno, pasajero a pasajero. Mi mujer y la niña duermen. Yo simulo hacerlo. El guardia se acerca lentamente. Yo simulo dormir. El guardia se acerca, finalmente llega a mi y me ilumina con su linterna. Yo levanto la cabeza, lo miro. La vuelvo a dejar caer como si durmiera nuevamente. Entonces se produce el milagro, el guardia da media vuelta y se va.

Cuando la guagua se pone en movimiento, aún no lo puedo creer.

Casi al amanecer llegamos a la frontera de México. Cómo buitres al olor de la sangre, acude toda la fauna fronteriza. Esta gente vive del trafico de personas, de drogas y quien sabe que mas.



Encontramos un hombre que por 100 dólares nos hace toda la gestion. Cruzamos el rio en balsas, un rio de tal vez de 20m de ancho y 1m de profundidad. Nada hay mas irreal que una frontera.

Tomamos una vagoneta y a unos 20km nos detienen. Es un patrulla del ejercito mexicano. Después de quitarnos 300 pesos mexicanos, nos dejaron continuar.

Llegamos a Tapachula, Chiapas; donde nos entregamos a inmigracion. Al llegar encontramos que habia cubanos alli casi todos de Santa Cruz del Sur, en Camagüey.



Habian cruzado el Caribe. Más de 1000 millas hasta Honduras. Luego la misma ruta que nosotros hasta Tapachula. En este sitio estuvimos 6 dias durmiendo en los bancos. A los cubanos no nos encerraban, nos dejaban en el lobby y en la sala de estar. Los centroamericanos en celdas en condiciones de hacinamiento increible. Alli todos revueltos con los mareros.



De alli llegamos al DF, Ciudad México. Nos separaron. La estacion migratoria era un infierno con buena comida, una cárcel en toda regla. Llegabamos una semana despues de una gran trifulca entre cubanos y chinos; que habia dejado cuatro chinos en terapia intensiva, tres cubanos medio axfisiados y un federal que perdio un ojo. El clima era tenso. Los chinos pidieron que se les dejara bajo llave. Tal era el temor. Y asi permanecieron hasta 2 semanas después.

El asma hizo su aparicion. Apenas pise Ciudad México y no me volvió ha abandonar hasta un mes despues que abandone el país. En la ESTACION MIGRATORIA, viví el espiritu de la manada. Durante una trifulca entre cubanos y africanos, al final quedabamos todos amigos.

Despues de 24 dias fuimos puestos en libertad con la prohibicion de abandonar el DF, pero con la ayuda de un abogado cubano presentamos los papeles solicitando regularizarnos en México. Lo que siempre es negado y seguido con una orden de abandonar el país en 30 dias. Durante el interin pude recorrer la ciudad, pasar mi mano por las viejas piedras del templo mayor de Tenochtitlan. Me habia cortado el pelo y dejado la barba.

Finalmente tomamos rumbo a la frontera de Estados Unidos, el Yuma. Sólo quedaba el ultimo tramo. Tomamos nuevamente el bus hasta el puente viejo de Matamoros, donde la migra mexicana detuvo el bus en un intento de los agentes en pedir plata...

Pasamos a golpes. El Yuma lo gané a piñazos.

No puedo explicar con palabras lo que sentí cuando me encontre bajo la bandera de las barras y las estrellas azotada por el viento. Pero aun me quedaban 24 dias de encierro antes de llegar a mi destino.

De las nostalgias absurdas II: Recoger hojitas...

I

Confieso que es el recuerdo, el ejercicio nostálgico; mi única y verdadera vocación. Conocí todas sus formas: albums de fotos, souvenirs, caracoles en repisa, atesorados papelitos, palabras escritas en las paredes y así; hasta aquella forma hoy olvidada que fue mi herbario

Herbario. Apenas se pronuncia y vuelve a nuestras mentes el soplo cargado de revelaciones que aireaba nuestra infancia. Eran aquellas hojas retorcidas y secas, el peor modo de iniciarnos en los ritos crueles con que Muerte y Avaricia nos van llevando a sus compartidas redes. ¿Qué es coleccionar, sino una forma sutil del horror vacuum; remoto escalón hacia el infierno?

Sí, tocábamos aquellas hojas –cuento con cierta complicidad- y nos llegaban, según el ángel de cada cual, siniestras inquietudes que La Forma Pura, cautiva y humillada, nos susurraba sin cesar. Hace tantos años que no me fugo a ningún rincón...


Jardín Japonés. Jardín Botánico de La Habana.

II

Todavía, sin embargo, es posible el susto de abrir un diccionario enfrascado una vez más en el sentido turbio de vocablo que nos intriga; y nos venimos de bruces ante cierta hoja o flor –pongamos que sea un modesto y grácil romerillo que una muchacha –a la mía la voy a llamar "aquella"- nos sembró para siempre en la memoria. inquietud.

Tuesday, August 08, 2006

Alamar

I
No sé, hoy me acorde de tí y de cierto cuaderno a rayas. De como me senté a tomarme un te de cáscara de naranja. De los flamboyanes y la tremenda y ruidosa cola de muchachos para entrar a las clases de aquella cuevita presidida por el nombre terrible de Antonia Eiriz donde tantos estrenamos pinceles viejos.

Recuerdo la tontería de mi pseudónimo inútil y el libro de Spinoza en mi maltratada "zunka" de la secundaria. Releer libros viejos es así... A veces una vieja hoja amarillenta nos devuelve una madrugada en la parada.





II
Escribe, escribe...


Me planto cara a cara y cobijo mis más terribles pulpos. Les pregunto: ¿De dónde sale este barro mío; pegote y no cerámica –entiéndase hediondez, no ladrillito?

¿Sopla para alguien que no sea yo éste viento de 1993, corcel de todas las colillas, plumas y polvorosa turbiedad?

Por todos los lados del boulevard los amantes casi se raspan a besos. Yo raspo mis suelas en tus losas. Luego me defino en un poema que inmediatamente libero y ninguna papelera quiere acojer.

Entro en la Casa de la Cultura. Ante una peña curiosa e incrédula me desnudo y nadie ve sino tropos, por miles. Nadan en que si polisíndeton, pleonasmos, paronomesia, aliteración, sinécdoque; y así hasta recorrer el repertorio todo de las verdaderas malas palabras, el panteón de la caca académica.

Hasta metonimía dicen que tengo en la poesía. Yo creo que más bien la tengo en la mirada y en este lápiz viejo que siempre me acompaña. Y todo por querer hacer apología de mis derrumbes, por pretender eternizar mis horas vacías e inútiles. Si al menos las palabras...

luego las invencibles croquetas. Decrepitud general. Detrás cortinas pobres y mucho silencio. Justa melodía para un 21 de diciembre de 1993. ¿Qué sabremos nosotros, realmente, de colocar en su lugar estrellas y desordenes, para cambiar entonces el destino?

Hoy me he empapado tanto en este frio aguacero que te agradezco... Sólo un poco de sueño me alivia mis dolidas neuronas. Quien lo iba a decir cuando de niños nos montamos risueños en aquel tren de Casablanca y veia pasar raudo tu nombre, tierra entonces extraña.





III
Yo he tañido tanto como tú el sonido del mar de latas de tus madrugadas. No te asustes. No es que haya vuelto. Aunque tengo el deseo - inconfeso claro está- de tomar otra vez ese ómnibus llamado 26, aunque esto da igual; y retomar el cauce de mis zapatos últimos del CAME.

Hoy podría volver a gritarte, que como quien iza una bandera blanca, que te quiero, así, en plana prosa de escolar. Tus edificios y tus verdes se extrañan aquí en el Zahara.

Memorias del Desarrollo

No, no es typo o una frasecita con gancho. ¡Es que ya desespero!


Comentario sobre Memorias del Desarrollo

¿Cuando vamos a tenerlo Desnoes? ¿Sabe alguien algo?

Entrevista al director de la pelicula:

Parte 1


Parte 2

Thursday, August 03, 2006

El duro oficio de la informática... sólo a veces ;)

nonohack: la caja de rolos!!!!!
wcloister: mi tia descubrio que en la cajita, que estaba traducida al español, en la parte de "8 items" habian puesto "8 cosas"
wcloister: y siempre se burlaba de eso
nonohack: juaff
wcloister: si, como un guallo
nonohack: me acuerdo porque me rascaba con ellos
wcloister: mi mama tenia rolos, pero no de cajita de micocilen sino de cajas de talco de las grandes
wcloister: con las que se hacía "el torniquete" jaja
nonohack: ah, las famosas
nonohack: esooooooooooo
wcloister: cada vez que se lavaba la cabeza
wcloister: que de rituales
nonohack: me acuerdo del super desododrante aquel
nonohack: azulito
wcloister: siiiiiiiiiii
wcloister: me encantaba como olia
nonohack: asi por arribira;
nonohack: compotas nene
wcloister: HIT
nonohack: jabones JP
nonohack: karate
nonohack: hit
wcloister: toqui
nonohack: aqua
wcloister: mariposa
nonohack: ahora las smashing:
wcloister: jaja
nonohack: Fiesta
wcloister: esa!
wcloister: con el chapu que tambien era guallo
wcloister: champu
nonohack: si
nonohack: coldcream
wcloister: y lo amargo que era
nonohack: alias colkrin
wcloister: si jaja
nonohack: pachuli
nonohack: Zas a.k.a MacCastros
wcloister: esa no la recuerdo
wcloister: ah
wcloister: si
nonohack: ya
nonohack: bueno
wcloister: las hamburguesas
nonohack: Matilda
wcloister: si jaja
wcloister: las cajas de quesito crema
wcloister: Matilda
nonohack: Textiles Cayo La Rosa
wcloister: jajajajjajajaja
nonohack: a q muerden
wcloister: lapices Bacuranao
nonohack: gomitas batabano
wcloister: eran bacuranao o batabano?
wcloister: ah eso
wcloister: jajaja
wcloister: no es bacuranao
nonohack: lapices de colores Pionero (lo peor)
wcloister: perdon, los batanano eran peor, la mina se les salia cuando escribias
nonohack: serpentinas Carnaval
wcloister: aaay!
wcloister: esa si
wcloister: esa si me llego
wcloister: jaja
nonohack: Tonico fortificante
wcloister: que hubiese una fabrica que hiciera serpentinas!
nonohack: Leche Malteada la Bayamesa
wcloister: jajajaja
wcloister: si
wcloister: las camisas aquellas de hombre tenian una marca
wcloister: no la recuerdo
nonohack: y el assoluto:
nonohack: Calzoncillo TacaTillos
wcloister: jajajajjajajaa
nonohack: medias Taca-Taca
nonohack: pan de panera
nonohack: y pan de gloria
wcloister: gaceñiga
nonohack: alias Iñiga
wcloister: jaja
wcloister: eso es una marca, pero la gente la usaba como el nombre de la pobre panetela
nonohack: arroz precocido
wcloister: Conchita, esa es descarada
nonohack: Taoro
wcloister: verdad
nonohack: por cierto
wcloister: Doña Delicias
nonohack: en las apuestas en madrid
nonohack: nos jugamos bricks de mango Taoro... ;)
nonohack: tú crees que lean este post?
wcloister: jajajaja

...
Actualizando... Un conocido perfume ¡bolo!

De lo apócrifo I: Zapatazos…

I
En Cuba empezaron a circular hace ya veinte años, al menos con inusual interés de los lectores, los llamados Novedades de Moscú. No es el hecho de que costaran 15 centavos. Tampoco recuerdo que tuvieran figuritas a colores –hubieran terminado de forros de libretas como las “URSS”, “Misha” y demás isótopos de la prensa soviética. Mucho menos hubo mujeres ligeritas de ropa o fotos de cenas opíparas. Nada de eso. La cosa es que empezaron a contar cosas sobre la URSS bastante peculiares y empleaban siniestros conceptos “occidentales” y altisonantes como “estalinismo” y “libertad de expresión”.



En aquella época, afortunada falta de amigos letrados o que lo parecieran, yo era un lector de lo que iba dejando mi papá por los muebles de la sala; así que un día atrape uno y empecé a leerlo con esa morbosidad de los adolescentes cuando están de vacaciones de su ácne en el mundo adulto. Había mil cosas muy apócrifas en esos periódicos que leía mi papá.

Como jugaba mucho ajedrez y solía tener previsto el juego hasta el movimiento 14 más o menos, fruto de tanto libro de Capablanca que digería en aquella temporada pre-Halley, me quedaba mirando a mis vecinos rusos y les ponía sus caras a los supuestos personajes que iban desfilando por mis lecturas. Así fue como el sanguíneo e iracundo instructor de ajedrez se ganó en mi mente el sobrenombre de Krushov.




II
Pero la cosa no paraba en eso: empecé ha hacer preguntas de política. Como tengo unos primos mayores que yo, y en aquella época cercanos a mi en alma y geografía, les toco recibir las primeras andanadas. Cuando mencioné al Sr. Krushov, mi primo apartó el tablero con una apertura inglesa bastante nefasta para mí y soltó una carcajada de esas de “cuando te cuente esto…” Así resumió mi primo a Krushov: un bolo gordo ahí que fue presidente cuando la Crisis de Octubre -aún no había llegado al eufemismo occidental e ilustrativo de Crisis de los Misiles- y que metió zapatazos en la ONU.

Se que no parece muy de adolescentes este dialogo, pero eran otros tiempos en que las muelas bizcas de política eran el sine qua non de la adultez adelantada.



¿Zapatazos?

Según mi primo, cuando los yumas quisieron agredir a Cuba en 1962, Krushov se había quitado el zapato y había dicho “con Cuba no, con Cuba no, o los enterraremos a todos ustedes!” Enseguida pensé en Muratov (el temible instructror) y entendí el sudor helado que debía haber recorrido la sala de la ONU, en aquella época para mi una especie de Teatro Karl Marx donde la gente iba ha hacerle un juicio interminable al imperialismo de vez en cuando; a semejanza de aquellos que hacían los títeres del programa Escenario Escolar al Tio Sam. Aquel flaco era lo peor: no se cortaba las uñas nunca... Por suerte un cocodrilo erizado de cañones se carcajeaba de sus garras bien impúdicamente al son del Chámame a Cuba.

Luego nos pasamos como dos horas hablando de que era un kilotón, una reacción en cadena, el uranio 238 y finalmente nos fuimos muy tranquilos al circulo social Félix Elmuza convencidos por los libritos “Quienes Amenazan a la Paz” que coleccionaba mi tía; de que los malos eran los Tios Sams y los buenos los Krushovs y el osito Misha. Eran las postrimerías –esta palabreja la saque de un Novedades de Moscú- de la Guerra Fría.





III
En 1992 se pusieron de acuerdo todos aquellos actores de la Guerra Fría y nos dieron una magistral lección. Se fueron a Cuba McNamara, los que quedaban del ejército de la época URSS con ganas de viajar a Cuba y los talentos locales que ya se sabe quienes son.



Mi primo no estaba ni medianamente cerca para vivir juntos el debate, pero cada vez que oía la palabra Krushov, me daba un salto el corazón de poder ver un imaginario video de la época donde los zapatazos resonaran en la ONU; que a estas alturas nos hacía juicios y nos acusaba de ser violadores de aquellas mismas palabras de los Novedades de Moscú con el aditivo de ser “último reducto de la Guerra Fría” Ya el Tio Sam los había engatuzado con merengues y no se que otras cosas.

Nada de Krushov y el zapato. Por supuesto que volvieron los kilotones, las reacciones en cadena y una gran cantidad de parafernalia bélica. La luz se iba a cada rato para empeorar.

Así que deseché el tema y me dedique a cosas lejanamente cercanas al uranio, como la electricidad y el magnetismo; que venían a ser una partida de ajedrez que tenía que ganarles a Machín y los demás profesores que me esperaban en un tribunal de Física, por suerte menos circular y agobiante que los de la Historia.




IV
La wikipedia es, probablemente, la resurrección y consolidación de todas mis lecturas de adolescencias. Con ella he ido rellenando poco a poco los huecos que la pereza y la carencia de medios para informarme –y de vez en cuando los prejuicios por supuesto- habían dejado en mí.

Hoy entré en ella buscando un poco de imparcialidad respecto a eso que parece será monotema de esta nuestra comunidad internacional; llamada diáspora, emigrantes y demás (términos occidentales para muchos “alla”) Y me vino a la mente Krushov.

Así que buscador mediante, logré liquidar la duda que de haber leído un poco la Biblia o la prensa del corazón, podía haberme aclarado bien fácil. Resumiendo: Nihil novum sub sole (Eclesiastés, 1. 10)


V
Definitivamente me gustó más el cuento apócrifo de mi primo. En el, Krushov se había quitado el zapatos ¡de mentiritas! El muy ladino, según me había contado, llevaba ambos zapatos puestos en el momento cumbre de la historia. Había hecho una astuta demostración de ira con zapatazos y todo sólo para impresionar. El famoso zapato lo llevaba en el bolsillo.

Pero la realidad, y esto es lo que no es nada nuevo, había sido bien distinta. Si se había quitado el zapato y no había sido cuando la Crisis de Octubre, sino que todo fue ante un filipino al que llamó, y aquí no hay que aclarar de quien es lengua franca esto; “estupido lacayo del imperialismo” (para curiosos: “Холуй и ставленник империализма" y para mis amigos chipiacheros: koluj i stavlennik imperializma)

Así fue como en realidad fueron a parar a La Historia el lacayo, el sanguíneo y el zapato... Los mísiles espero que hayan desaparecido también.

Wednesday, August 02, 2006

El Muro de cada quién: el mio.

I
Hoy me levante pensando en los pecesitos (literalmente) y en donde conseguir una foto esplendida de un pez peleador, supremo campeón de las peceras. Quería recorrer mi infancia más profunda: esa en que Dios, los alfileres, una gomita de olor y dos caramelitos eran iguales de sagrados...

Me levanté como siempre. Al irme a tomar un café antes de entrar al trabajo, Sonia mientras ponía la taza delante me dice: ¿has visto el telediario? Tú sabes que yo no veo la TV. Deberías, me dijo con un guiño.



II
¿Donde estaba yo el día que se cayó el Muro de Berlín? Recuerdo que leía placidamente a Michael Ende y su Historia Interminable en el Bosque de la Amistad de la Lenin. Era el otoño y el lugar se volvía casi élfico. Estaba, además, enamorado.

Pero en otros lugares pasaban cosas más importantes.

Sin más ayuda que la memoria puedo reconstruir esas tardes de 1989 en que hablabamos de "la Causa 1/1989" y de ciertas cosas raras que pasaban en Hungría (¡habían abierto sus fronteras con Austria!)

Luego, al llegar a casa del pase mi padre me contaba desconcertado: "Erick Honecker ha renunciado". Era el 18 de Octubre de 1989... Pasaba algo.

Luego se vinó abajo el "Volkskammer" y tener un carnet de la UJC empezo a preocupar a muchos...


La Volkskammer desmerengada...


Luego todo fue confusión y no olvido aquella palabrita: desmerengamiento. Ya sabes de quién fue el invento...






III
Y pasó el tiempo... Los pecesitos se han desvanecido por completo. Y hoy, como hacia mucho tiempo no hacía, he oido de punta a cabo The Wall...